viernes, 12 de marzo de 2010

La explicación “Camaglia”

RAYMUNDO FLORES BERNAL - MIÉRCOLES, MARZO 03, 2010

Le oí hace unas semanas en una entrevista transmitida por una televisora estadounidense (CNN) a un especialista de nombre Edgardo ¿Camaglia? sus puntos de vista en relación con la lentitud e ineficacia que se percibe en la reacción de los gobiernos de México (federal, estatales y municipales) para enfrentar y superar el gravísimo problema de la delincuencia organizada, me refiero a esa terrible delincuencia evolutiva, en su manifestación de narcotráfico, secuestro, trata de personas, extorsión, etcétera.
Dijo algo durísimo aparentemente irrebatible, con autoridad de estudioso, de técnico, por eso lo llamo especialista renglones atrás, no como tantos locutores autohabilitados de sabelotodo que producen cantidades torrenciales de diagnósticos, críticas, soluciones mágicas en algo que se parece mucho a un inacabable concurso de asnos parlantes. Algunos cuantos (me refiero a los locutores; no a los analistas, rigurosos y con formación profesional) además han creado con los recursos y tiempo de las empresas donde son empleados foros especiales en donde viven la ilusión de ser “analistas” y conductores o formadores de opinión constantes, calificados.
Más todavía, algunos, frecuentemente en el transcurso de su trabajo de noticieros (informadores de noticias) asumen con absoluta discrecionalidad e impunidad en forma unilateral papeles de fiscales, inquisidores, legisladores, moralistas, líderes partidarios o voceros oficialistas u opositores..., son una verdadera calamidad, se sienten seres aparte, creo, lo creo sinceramente, que como “clase”, tal como la “clase política”, “la clase de los locutores” bocones ocupa los primeros lugares en el desprecio y rechazo de la opinión pública; por lo menos de la que tiene un mínimo de objetividad y sentido crítico.
Vuelvo a lo de Camaglia, planteó que desgraciadamente, en apariencia la única forma en que se desate una acción gubernamental realmente eficaz y a fondo para atajar la delincuencia asociada al narcotráfico sería que los daños graves afectaran hasta la elite, al gobierno, a los ricos muy ricos y citó el caso de Colombia en que hubo asesinatos de altos funcionarios, empresarios de elite, destrucción material de sedes del gobierno federal y provincial, presencia de narcotraficantes en el congreso nacional, etcétera, y que entonces, y sólo hasta entonces, se fue a fondo y en concierto a la fuente del mal, al dinero, a las finanzas, a los negocios de las organizaciones delictivas. Lo anterior en contraste con lo que ocurre en nuestro país, donde a pesar de una enorme violencia y miles de muertes el “daño” se ha mantenido en un estrato “bajo” y los recursos cuantiosísimos en depósitos bancarios y en propiedades y “negocios-lavadero” se mantienen relativamente intocados.
En estos días que se mantiene viva la controversia nacional acerca de la eficacia del combate institucional al crimen organizado con todas sus complejas implicaciones de corrupción en los cuerpos policiacos locales, inconveniencia de una larga participación del Ejército en esa tarea, incremento del tráfico y de las adicciones en el país que recientemente era lugar de paso parece obligado atender y por lo menos analizar seriamente apreciaciones como la de Camaglia.
En este contexto, no falta radical que piense; lo que por supuesto no comparto, que la solución, o parte de ella, podría ser dejar de atajar la circulación de la droga hacia Estados Unidos por un lado y, por otro, dejar de atrapar, vejar y devolver migrantes en tránsito hacia Estados Unidos, tareas ambas que son fuente de gravísimos problemas que hoy nos aquejan y que realizamos como país, a pesar de que les conciernen y afectan a ellos y que hoy realizamos como designio fatal de ser sirvientes o “manos de gato” para proteger al gran consumidor mundial de drogas y espejismo de empleo que resulta en los hechos el gran país vecinos.
Por supuesto que entiendo que una posición tan extrema en nuestra política bilateral es de arranque inviable, podría acordarnos represalias comerciales y migratorias brutales, presiones diplomáticas y aun riesgo de intervención armada; aun así, el planteamiento de ese esquema descarnado y primario, ante lo grave de nuestro problema y la inequidad con que se comprometen responsabilidades compartidas, seduce a muchos.

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